Xochicalli, la casa ecológica


        A 65 kilómetros de la ciudad de México, junto al pequeño poblado de San Vicente Chimalhuacán, se levanta Xochicalli, que significa “casa de las flores” en lengua indígena. No tan descomunal como esas ruinas del pasado que los mejicanos publicitan for export, Xochicalli pertenece a un universo casi opuesto. Xochicalli es para el interior y no el exterior de México. Xochicalli no se publicita. Xochicalli está vivo, y como todo lo vivo, apunta hacia el futuro. Definida por sus atributos positivos, Xochicalli es simplemente una casa ecológica autosuficiente habitada por la familia de Jesús Arias Chávez, 36, físico, y construida hace más de diez años con su hermano José Arias Chávez, 42, ingeniero.
        “No crea que se va a encontrar con un chiche tecnológico”, se ataja por teléfono Jesús al concertar la visita. (Me veo representado en su imaginación como un periodista de un importante medio, adaptado a abrir la boca sólo ante las grandes maravillas tecnológicas). “Me va a disculpar porque no tendré mucho tiempo para atenderlo; mañana debo salir de viaje por varios países del Caribe, donde asesoro a algunas instituciones”.
José Luis D'Amato, foto de portada de la nota de la Revista MUTANTIA, autor de la nota
        Mientras voy dejando atrás la ciudad de México rumbo a Xochicalli, entre la locura del tránsito que desborda todos los caminos, no me queda más remedio que ser paciente y recordar que ésta es una ciudad condenada a tener 31 millones de habitantes en el año 2000. Según el “Times” del 4/8/80, México ya superó a Tokio hace pocos meses y es la mayor ciudad del mundo con sus 9 millones de habitantes. No está mal salir a respirar un poco de aire puro por las serranías.
        Es una casa de campo hecha de madera, tejas y adobe revocado. A primera vista, muy pocas cosas llaman la atención: un estanque adosado a una de las paredes de la casa y cubierto con plástico transparente; una huerta común y silvestre, si no fuera porque allí crece una acelga de dos metros de alto; un establo con vacas pero sin moscas ni olor; y una extraña construcción octogonal con un sótano semienterrado.
        “Un hábitat humano que protege de las inclemencias del ambiente pero que no entra en conflicto con él. Por el contrario, se integra armónicamente con su entorno, obtiene de éste lo que necesita (agua, comida, materiales, energía) y le devuelve, en un ciclo de reutilización máxima de los desechos, únicamente aquellos que no sólo no dañan el medio natural sino que lo mejoran”, define Jesús los objetivos que la casa-granja trata de cumplir.
Foto de la nota del año 1980 en la Revista MUTANTIA, dirigida por Miguel Grinberg
        “Pero aquí lo más interesante está bajo tierra. Ésta es una casa para ser explicada, no para ser recorrida ingenuamente. Empecemos por los desechos y los líquidos cloacales”, me indica el ingeniero Cadena, delegado por Jesús Arias para mostrarme la casa mientras él prepara sus valijas. Las aguas servidas salen de la casa por conductos separados: por uno van las aguas negras, por otro las aguas grises o jabonosas. Las primeras son dirigidas a una fosa-digestor con bacterias anaerobias. “El digestor es un recipiente sellado que cumple la misma función que un intestino: degrada los excrementos o cualquier materia orgánica (basura, pasto, madera, etc) produciendo gas metano o biogas útil como combustible en cocinas, estufas, lámparas de gas. El digestor es un típico producto tecnológico popular, pues parece que fue inventado en los medios rurales de India, donde desde hace cientos de años se utiliza, aunque en forma bastante rudimentaria, para proveer de metano a las cocinas”.
        Las aguas jabonosas, que van por otro circuito, son las que provienen de las piletas de cocina y lavadero, de la ducha y lavabo del baño. Esta agua pasan por una “trampa de grasas”, de donde periódicamente se extrae una nata que se emplea para elaborar nuevamente jabón. Si bien este jabón resulta muy duro, mezclado con otras grasas puede ser reciclado con buenos resultados. La nata recuperada de la trampa contiene un 55 por ciento de ácido graso, valor nada despreciable.
        Una vez tratadas, las aguas de los dos circuitos se mezclan y pasan por declive natural del terreno a cuatro zanjas paralelas especialmente acondicionadas cada una con un filme de polietileno en su lecho, y más arriba capas de canto rodado, arena, grava, arena y tierra, en este orden. Sobre estas cuatro franjas de tierra se siembran diferentes hortalizas, entre las que sobresale –literalmente hablando- una planta de acelga de dos metros de alto sostenida por un palo. El rendimiento de la huerta es excepcional debido a la riqueza nutritiva del agua que por aspersión riega automáticamente el terreno al recorrer las zanjas. Por año y por metro cuadrado, esta huerta rinde cerca de 50 kilos de hortalizas, mientras que una huerta manejada con fertilizantes inorgánicos sólo alcanza a producir entre 15 y 20 kilos en idénticas unidades. Este sorprendente rendimiento permite que, con escasa superficie plantada, la familia se autoabastezca todo el año de hortalizas y hasta produzca un excedente que se vende o se trueca en las inmediaciones.
Plano de la casa publicado en la famosa nota 
        El agua que atravesó las zanjas, descontaminada ya en alto grado, se recolecta al final de la huerta en un pequeño tanque-invernadero donde crecen algas y camalotes de río –esta última especie es plaga en México, pero, estando en un sistema controlado y aislado, no entraña riesgo de invasión de mayores áreas. En el techo y las paredes de plástico transparente de este pequeño invernadero, el agua evaporada condensa y es recogida en el exterior, ya absolutamente potable. Nos atrevemos a probarla y podemos asegurar que no nos afectó en lo más mínimo. En contraposición, el problema del tratamiento de las aguas para el consumo de la ciudad de México es tan crítico, y producto entregado de tan baja calidad, que nadie se atreve a beber agua corriente si no la hierve durante 20 minutos y además, la filtra mecánicamente. La industria mexicana del filtro forma parte importante del producto bruto nacional junto a la buena fracción de gas que se quema en las maquinitas potabilizadoras y con las ingentes cantidades de fertilizantes industriales que, todos juntos, contribuyen al desarrollo sostenido, año tras año, del país.
        Regresando al reducto ecológico autoregulado, nos hallamos frente al establo que cobija unas cuantas vacas rollizas, a 50 metros de la casa. Ha sido construido con tierra compactada, material obtenido en el lugar. El ingeniero Cadena nos explica que se tomó el recaudo de elegir siempre los materiales y los métodos constructivos que abundan en la región y alrededores y que coinciden con la tecnología tradicionalmente manejada por los campesinos. Para él, éste es el mejor modo de difundir lo más insensiblemente posible la tecnología que pretenden introducir -¡y están lográndolo!- en las áreas rurales. Actualmente Cadena está por firmar un convenio con le estado de Sonora para la construcción de 100 casas granjas integradas a ser fabricadas por los mismos campesinos.
        La excreta de las vacas y los desperdicios de su alimentación son arrastrados por el agua empleada en la limpieza del establo y se introducen por simple desnivel, en otra fosa-digestor ubicada al lado del establo y construida también con elementos sumamente económicos. A este digestor de 15 metros cúbicos van a parar, además, todos los desechos orgánicos del sistema: basura, algas, camalotes, aserrín, etc. Dicho digestor, que tiene un costo de 10.000 pesos (unos 400 dólares), entrega varios subproductos:

1.Biogas (gas metano): utilizable para requerimientos energéticos de la casa: cocinar, producir luz y como combustible para motores comunes de explosión.

2.Una nata flotante (residuo) empleada para acondicionar el suelo: mantiene la humedad, protege del frío excesivo y sirve de alimento para aves por los gusanos que en ella se reproducen.

3.Líquido sobrenadante: que se utiliza como abono al regar con él el terreno.

4.Un lodo nutritivo que también se emplea para fertilizar la tierra. Otros usos del lodo y del líquido sobrenadante son: alimento para gallinas y ovicaprinos, cultivos de algas y camalotes, y acuacultura.
Establos, foto de la nota
        En esta casa todo parece trabajar para todo. Es una gran organización. A medida que la vamos entendiendo, vislumbramos toda su complejidad y sus interrelaciones. La recorremos con entusiasmo in crescendo. Me voy dando cuenta que yo también estoy abriendo la boca ante las maravillas de la tecnología... apropiada. Llegamos al estanque-invernadero de 30 metros cuadrados que me llamó la atención al entrar en la casa. Está adosado a una de sus paredes y recubierto con una techumbre de plástico transparente. Adentro el clima es húmedo y caluroso. Su temperatura oscila entre 25º y 32 ºC. La casa se calefacciona abriendo unas escotillas que comunican con el invernadero.
        Pero el uso principal del estanque es otro: la cría en policultivo de peces y plantas tropicales no se dan normalmente en la zona (tengamos en cuenta que estamos a 2700 metros de altura, y el clima es más bien frío). En las aguas conviven peces como la omnívora tilapia o mojarra (que en este ecosistema es hervíbora primaria), el bagre (depredador piscívoro), la rana toro (depredador piscívoro-insectívoro) y el langostino (detritófago actualmente en adaptación). En otros términos, unos animales se hacen cargo de los insectos, otros de los detritos, otros del control de la población, y todos terminan formando parte del menú de los Arias y sus visitantes.
        El clima húmedo y cálido hace muy propicio el cultivo hidropónico. En una pequeña parcela de tierra que bordea el estanque se cultivan tomates, paltas y otras plantas tropicales. El líquido sobrenadante del digestor es el único alimento utilizado aquí tanto para los peces como para los plantas. Vertido en el agua, tiene dos funciones: estimula el crecimiento de las algas que flotan en el estanque y es comido directamente por los peces. Estos se reproducen y crecen a tasas sorprendentes. Los tomates, por ejemplo, se dan en dos cosechan anuales con un rendimiento promedio de 20 kilos por metro cuadrado y por año. El control climático se consigue mediante el agua (alta capacidad calorífica), y el oxígeno del agua se obtiene a través de la fotosíntesis.
        Alrededor de la casa continúa el ecosistema. Árboles frutales, cereales, gallinas, conejos, cumplen cada cual su función. Las gallinas hasta trabajan para el hombre: como no se las provee de granos, tienen que rebuscárselas comiendo gusanos y otros bichos que se encuentran debajo de los árboles, en el suelo acondicionado por los residuos extraídos del digestor. A la vez que van picoteando, efectúan un trabajo de remoción que favorece a la tierra introduciéndoles humus y aflojándola.
        Los cálculos y mediciones precisos de los hermanos Arias demuestran que en una superficie de terreno de 2.000 metros cuadrados se crean los recursos suficientes para mantener a una familia compuesta por seis personas, y hasta se consiguen excedentes de productos de granja. La casa integrada requiere sólo dos horas y media de trabajo diario de todos sus habitantes para ser atendida. Hay inversiones, como la del digestor grande, que se recupera 8 (¡ocho!) veces en el año.
        El interior de la casa en sí no difiere de las viviendas normales de los alrededores. Esto es así porque cuando se edificó la casa, en 1968, no se diseñó para desarrollar a partir de ella la granja integrada que recién se fue estructurando con el correr del tiempo. Conscientes de este problema básico de diseño (que significa pérdidas energéticas innecesarias e impide contar con muchas de las ventajas que reporta la arquitectura solar pasiva), los hermanos Arias están levantando en la misma parcela un prototipo de vivienda octogonal que esperan poder terminar para mediados de 1981. Hasta el presente, casi todo el dinero invertido provino de sus bolsillos, fundamentalmente por desinterés de los organismos oficiales y privados en el proyecto. Sin embargo, en lo que va de 1980, las condiciones parecen estar mejorando y las gobernaciones de algunos estados –como el de Sonora ya mencionado- están prestando atención y ayuda financiera al proyecto.
        En la nueva casa ecológica, cuya construcción está bastante avanzada, se optó por una planta octogonal porque de ese modo se encierra el mayor espacio habitable y se economiza material así como área de contacto con el exterior, lo cual reduce los gastos energéticos de climatización. El edificio, proyectado para matrimonio y cuatro hijos, tiene cimientos de piedra (la zona es muy sísmica), muros de tierra apisonada y el techo será de materiales ligeros con aislación térmica. Los cerramientos serán de madera o hierro. En el centro de la estructura de hormigón armado existe un núcleo con columnas-tubo que soportan el tanque de agua y dejan pasar el agua de lluvia colectada por el techo a los depósitos ubicados debajo del piso, en el sótano semienterrado. Este almacenamiento de agua, de un volumen de 50 metros cúbicos en cuatro tanques independientes, está protegido de la evaporación y la suciedad. Dos de los tanques, orientados al sur (máxima insolación en el hemisferio norte) se calientan con los rayos solares y almacenan calor para climatizar la vivienda. Los otros dos, orientados la norte, almacenan “frío” (por erradicación térmica) para climatizar una bodega.
        El prototipo es adaptable a cualquier zona climática, ya sea árida (como Sonora), semiárida o húmeda. Eventualmente, en lugares de excesivo frío o calor, se aplicarán sistemas simples de calefacción o refrigeración sobre la base, principalmente, de energía solar y eólica. Actualmente, el físico Arias está investigando (“aunque todavía en el estadio de los tarros de café”, acota Jesús) la posibilidad de generar electricidad biológica a partir de bacterias que se desarrollan en un medio rico en urea, lo que permitiría también hacer uso de las descargas de los migitorios (¡!).
        Al mismo tiempo que se llevan a cabo los trabajos constructivos de investigación, los Arias impulsan una tarea que, en esta fase avanzada de sus experiencias, es quizá más importante que aquéllas: la difusión e incorporación de toda esta tecnología en las comunidades rurales. Para ello han entrenado, y siguen haciéndolo, un equipo de promotores interesados en introducir las diversas técnicas energéticas y agrarias en poblaciones indígenas. Apuntalan este programa con estudios sociológicos específicos en cada comunidad, único modo de relevar las necesidades, de determinar la implementación más apropiada de los recursos económicos y humanos existentes, de detectar los líderes de cada población que podrían apoyar o sabotear los programas, etc. Esta tarea se está efectuando simultáneamente en comunidades cercanas a San Vicente Chimalhuacán, en Puebla y en las colonias indígenas de los estados de Guerrero y Sonora. Tuvimos oportunidad de visitar una de esas comunidades, donde los mismos pobladores construyen sus digestores y establos, y comprobamos el entusiasmo que acompaña a las tareas. El poblado visitado está compuesto por unas 40 viviendas, entre las cuales ya seis cuentan con obras iniciadas, además de un inmenso estanque público para colectar agua de lluvia.
        Haciendo un alto en el empacado de sus maletas, cuando finalizamos el recorrido de Xochicalli, Jesús Arias Chávez se sentó con nosotros frente al grabador y charlamos durante cerca de una hora. Lo que sigue es un resumen de esa conversación.

-En el prototipo de casa que Uds. han desarrollado para las zonas rurales de México, ocupa un rol central el digestor de materia orgánica. Como mi impresión es que en Argentina no le damos tanta importancia a este sistema energético alternativo, me gustaría que la charla se centrara en la siguiente cuestión: ¿cuáles son las diferentes ventajas que ustedes encuentran en el uso del digestor en los países del Tercer Mundo?

        El digestor es pieza esencial por varios factores. Primero, porque representa el eslabón que actualmente nos falta en la cadena entre la vida, la muerte y la vida. En la naturaleza es muy clara esta relación, y precisamente cada una de las partes vivas tiene una función que cumplir. En cambio, nuestra forma de vida humana dista mucho de esa realidad natural, pues todo lo que manejamos como desechos, por ejemplo, lo manejamos de una manera muy irracional. Respecto de los desechos, hay un doble problema: el desecho como desperdicio, y el desecho como polución ambiental. Entonces, el digestor interviene ahí como una pieza insustituible en función de que permite recuperar energías y alimentos que actualmente se despilfarran y que contaminan. Y el digestor es un eslabón de la cadena vida-muerte-vida porque en la naturaleza ocurre los siguiente: el reino animal se nutre del vegetal; en cuanto un animal ingiere una planta, la ataca y la empieza a destruir químicamente ya a partir de la insalivación u otras formas digestivas que tenga el animal. La planta comienza a morir en la boca del animal para éste poder aprovechar, para su propia vida, las energías bioquímicas que aquélla contiene. Pero de esa vida que está siendo matada, comida, digerida, los animales superiores sólo aprovechan un décimo de la energía contenida en el vegetal. Aproximadamente seis décimos de toda la energía que puede rendir una planta se van en la excreta del animal.

        Cuando aquí en México les hablamos a los campesinos sobre las ventajas del digestor, les decimos que instalando un digestor en sus casas podrán recuperar 6 pesos de cada 10 que comen. Y esto realmente les interesa sobremanera y los motiva a construir una planta casera de tratamiento de aguas a base del digestor. A ellos no les interesan todavía las ventajas sanitarias del digestor o el reciclaje de las aguas, ni tampoco existe conciencia acerca de la contaminación ambiental. A los campesinos los mueven primariamente los motivos económicos. Y de este modo conseguimos difundir el digestor en las comunidades rurales.

       El digestor, entonces, es un instrumento energético que se encarga de acabar el procesamiento o desdoblamiento de la materia orgánica en energía que pueda nutrir otra vez a la vida. Éste es el rol energético esencial (y natural) que cumple el digestor, ese “eslabón perdido” de la cadena.

        Segundo, otro factor que hace esencial al digestor es que nos da energía continua que no necesita de acumulación especial, como sucede con casi todos los demás sistemas energéticos alternativos no convencionales. Las energías eólica, solar, mareomotriz, tienen discontinuidades en sus diversas posibilidades de aprovechamiento. En cambio, la energía solar que existe incorporada en las plantas a través de la fotosíntesis, ya está acumulada y se halla a nuestra disposición para ser usada cuando la necesitemos. En este sentido, el digestor es también un sustituto valiosísimo de las baterías o acumuladores de electricidad. Los acumuladores son muy caros, y la naturaleza brinda gratis esa posibilidad.

        Tercero, últimamente nos estamos dando cuenta, además, de la importancia estratégica que tiene el empleo del digestor en la sociedad global, es decir, a un nivel “macro”. El digestor permite un ataque multidimensional a una serie de problemas que exceden el campo energético. Está la cuestión de la salud: la basura y la excreta humana y animal pueden dejar de contribuir a la contaminación ambiental si se las trata mediante digestión anarerobia. Los subproductos y residuos del digestor están purificados biológicamente. Está también la cuestión de la descentralización de la energía, cuestión fundamental para las pequeñas comunidades y para los pueblitos asentados en la punta de un cerro, por ejemplo, como tantos que hay en México. Tender una línea eléctrica en estos casos es una inversión que da enormes pérdidas.
Vista de la Casa Ecológica de Xochicalli, México 
        Paralelamente a la energía que genera un digestor, está también la cuestión de la recuperación de nutrientes que, desde nuestro punto de vida, representa las dos terceras partes del valor del digestor en sí. Esto implica una serie de soluciones a problemas colaterales de toda índole a importancia: social, ecológica, económica, cultural, etc. En estos aspectos, el empleo del digestor en granjas integradas permite:

1.Poder usar más racionalmente la mano de obra a través de una explotación integral de la tierra:

        Con un diseño de casa rural como el nuestro, los nutrientes que se extraen del digestor en forma líquida o sólida sirven como abono natural de la tierra sin peligros para el ecosistema, ya que no hace falta introducir fertilizantes químicos externos al sistema. Al mismo tiempo, la granja integrada ataca el peligro representado por los monocultivos, pues tendemos a la diversificación máxima de las especies integrantes del ecosistema artifical que son nuestras granjas. Y esta diversificación que se da en todos los niveles de vegetación (a ras del suelo, a nivel medio y en lo alto de los árboles frutales) implica otro tipo de diversificación: la extensión a lo largo del año de los períodos de siembra y cosecha, con lo cual se obtiene un aprovechamiento más parejo de la mano de obra rural y menos intensivo en sólo dos o tres meses del año, como ocurre en el sistema imperante de los monocultivos. Al hacer un sistema de policultivo máximo compatible con las condiciones del lugar y de la gente (productos de huerta, plantas forrajeras, frutales altos y medios, etc.) las cosechas y siembras se van sucediendo unas a otras y el campesino trabaja poco pero parejo todos los días del año, y además, lo hace en su parcela, no se convierte en un trabajador golondrina.
        Además, se racionaliza la mano de obra en otro aspecto. El digestor recicla los líquidos cloacales y permite usar múltiples veces el agua necesaria para abrevar animales, para lavar, para inodoro y ducha, etc, con lo cual se ahorra la mano de obra de los niños principalmente, quienes son a menudo los que tienen que recoger el agua de la fuente más cercana disponible. Esto permite de los niños dediquen más su tiempo al juego y a la educación. Se disminuye la deserción escolar y, a un mismo tiempo, como veremos después, se restringe el número de integrantes de la familia tipo del campesinado rural (en México, la familia promedio tiene 4 ó 5 hijos en el campo). Pero la sustitución de mano de obra también se produce en otro aspecto, el energético. El metano que genera el digestor sustituye la recolección de leña, otra tarea que lleva tiempo y es muy importante en zonas rurales.

2.Contribuye a resolver el problema de la superpoblación:

        Siempre que se escucha hablar de planificación familiar se sobreentiende como esto la disminución del número de hijos. Pero en los países del Tercer Mundo, la gente de campo también planifica su familia, aunque con resultados inversos a los de la gente del mundo industrial. El campesino planifica su familia, claro está; se tienen muchos hijos con el propósito de tener mano de obra abundante y barata para las cosechas, para mandarla a buscar agua y leña al monte, etc.

-El padre de familia actuaría entonces como el patrón de fábrica. Trata de descargar el peso de las tareas consiguiendo más mano de obra, y bien barata en este caso...

        Bueno, no tan barata si lo analizamos bien, pues esta práctica en definitiva conduce a un círculo vicioso que se realimenta solito: cuanto más hijos, también más necesidad de trabajo para conseguir más alimentos, más energía, más agua. El problema se agrava cuando los hijos crecen y necesitan nuevas tierras que ya no han disponibles para repartir. Aquí se convierten en mano de obra excedente y ociosa que migra hacia las ciudades, migración con la que colabora el hecho de que no hay escuelas en las comunidades rurales pequeñas. Entonces, así tenemos una serie concatenada de consecuencias que van llevando a la actual situación típica de los países del Tercer Mundo y en vías de desarrollo industrial. Retomando el hilo anterior, el empleo del digestor en granjas integradas también contribuiría a un hecho crucial para el desarrollo energético sano y limpio de un país:

3.Un mejor aprovechamiento de las grandes obras hidroeléctricas:

        Esto, que puede sonar extraño, se ve con claridad haciendo un análisis detallado. Los bosques están siendo arrasados sistemáticamente en todo el mundo. Ello ocurre por varios factores:

• por la sociedad de consumo –claro que contra ésta el digestor nada puede-, que tala indiscriminadamente los árboles para satisfacer sus necesidades de todo tipo. Por ejemplo, una edición dominical de “The New York Times” consume 50 hectáreas de bosque en papel, en máquinas, en energía, etc. (El cálculo preciso lo tiene hecho mi hermano). Pero la irracionalidad de nuestra civilización industrial se ve mejor en un estudio energético que se hizo en Estados Unidos sobre una plantación de arroz: por cada 50 calorías de arroz obtenidas, la agroindustria de los gringos consume 250 calorías en fabricación de maquinarias, fertilizantes, pesticidas, etc. Si mal no recuerdo, ese estudio se hizo en la Universidad de Berkeley llevando estadísticas durante varios años en varios países. En cambio, el cultivo oriental tradicional consume sólo entre 5 y11 calorías por cada 50 calorías obtenidas. Desde el punto de vista ecológico-energético-económico global, éste último es un buen negocio, no el otro.

-Pero tanto los Estados Unidos como la Argentina, por ejemplo, se encuentran entre los mayores productores mundiales de alimentos. Si con el sistema de producción agroindustrial imperante se consiguen tan magros beneficios energéticos, ¿cómo es posible que resulte buen negocio seguir produciendo alimentos en esa forma?

        Lo que pasa es que la economía norteamericana es una economía subsidiada energéticamente por los recursos baratos del resto del mundo. De allí que el 5 por ciento de la población mundial que vive en EEUU pueda consumir el 40 por ciento de la energía del planeta. Es este subsidio lo que permite el despilfarro que constituyen los métodos de producción imperantes. Para mí, como físico, el problema resulta evidente cuando profundizamos el análisis económico y hablamos en términos de cuánta energía se introduce en un sistema y cuánta energía entrega ese sistema.

        Volviendo al análisis del punto 3, en el problema de la deforestación del planeta incide otro factor que no está relacionada con la sociedad de consumo:

• la gente de campo acude al bosque para obtener energía en forma de leña y carbón; también para talar árboles y poder venderlos como vigas o tablas. Pero otro factor muy importante en la agresión de los bosques es el sobrepastoreo, que se produce al largar a los animales sin control por el campo. El empleo del digestor elimina todos estos factores porque entrega energía gratis que reemplaza a la leña, porque disminuye las necesidades de compra del campesino al estar integrado en una granja autosuficiente, y porque se genera naturalmente la necesidad de encerrar a los animales en establos para aprovechar sus excretas en el digestor.

        Además, en la tala de los bosques altos incide otro factor, quizá el segundo en orden de importancia, detrás de la agresión de la sociedad de consumo. Se trata:

• de la necesidad de deforestar para conseguir nuevas tierras de cultivo. Con el prototipo de granja integrada que proponemos, este problema se soluciona al cambiarse el sistema de producción agraria de su forma actual extensiva a una forma intensiva.

        Y he aquí entonces donde se cierra la cadena de argumentos que nos permite visualizar al digestor como una solución parcial pero de peso para el mejor rendimiento de las obras hidroeléctricas. Porque al liberar a los bosques de esa presión arrasadora que ejerce el hombre sobre ellos, conseguimos que las tierras no se pelen ni se erosionen por la lluvia. Mitigando la erosión se disminuyen los volúmenes de sedimentos arrastrados por los ríos y que terminan depositándose en las grandes represas con la consiguiente disminución de su vida útil. Aquí en México, por ejemplo, se hizo una represa que en principio se estimaba iba a tener una vida útil de 75 años. No han pasado 40 y la presa ya casi no genera electricidad. Y para un análisis multidimensional que conduzca a un proyecto de país energéticamente independiente, las obras hidroeléctricas cumplen un papel importantísimo, que debe ser estudiado y cuidado desde infinidad de puntos de vista.

-¿Cuál es la visión que entreven Uds. a final de este camino, por más utópica o fantástica que parezca?.

        La filosofía que subyace en toda nuestra actividad se puede resumir con una palabra: autosuficiencia. Para nosotros ya está perimida la actitud de los políticos tradicionales de izquierda o de derecha, jóvenes o viejos, que vociferan o escriben criticando violentamente todo lo que está mal en nuestras sociedades. Ésa es una actitud inmadura con la cual lo único que consiguen es la ventaja emocional de relajarse un poco después de haber gritado. Aquí en México los dejan que griten todo lo que quieran, pues se sabe que perro que ladra no muerde. Pero no crean en Argentina que por ello existen aquí muchas más ventajas que en otras partes del mundo. Todas las ideologías actuales convencionales en última instancia caen en lo mismo, ya sea en una estado corporativo, o en un estado capitalista o lo que fuera. Nosotros, en cambio, visualizamos todo esto como un problema de trabajo y de estudio, un problema de autosuficiencia o de dependencia. ¿De qué sirve protestar si uno está dependiendo en muchísimos aspectos justamente de lo mismo que está criticando? De aquí a muchos, tal vez muchísimos años, visualizamos al final de este camino una sociedad que se puede resumir con otra palabra: tolerancia. A través de la autosuficiencia y la tolerancia generadas por la acción efectiva sobre la realidad, yo personalmente sueño en forma quizá delirante con un extendido sistema de comunas de distintos tamaños, autosuficientes y para todos los gustos políticos. Entonces, el que es comunista se podrá ir a una comuna corporativista, de ésas bien rígidas donde a cada cual le dicen lo que tiene que hacer; si ése es su gusto, pues tiene la alternativa que prefiere. Si yo quiero ser explotado de otra manera, entonces tendría mi alternativa particular, la comuna de los explotadores capitalistas donde estaría también a mi gusto, ya sea en el campo, en la costa del mar o con la variante organizativa que más prefiera. Hasta se daría la posibilidad de pasar de una comuna a otra a medida que uno va cambiando de parecer.

-Bueno, pero en esa sociedad habría un grave problema: ¿dónde irían los anarquistas?...

        (Risas) Hablando de anarquistas, a nosotros nos gusta llamar a eso, paradojalmente, “la anarquía dirigida”. Que cada quien pueda hacer lo que tenga gana, pero donde debe.
Nota del periodista José Luis D’Amato
publicada en la Revista Mutantia Nº 3
del mes de diciembre del año 1980
Todas las fotos publicadas le pertenecen y pertenecen a la nota de la revista. 
Imagen 1: Tapa de la Revista Mutantia Nº 3
Foto del muchacho con la carretilla - Del sitio Reforestando Guatemaya. 

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5 comentarios:

  1. una sola palabra tengo para decir,INCREIBLE!!!!!! me quedé anodadada!!!!

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    1. ¿No es cierto que es muy interesante, Silvia amiga? Sería la solución ideal para muchas familias, ya que se puede trabajar, vivir, consumir alimentos y tener para vender, todo en el mismo lugar. Y reciclar los desechos...¡transformarlos en alimentos! Gracias por tu comentario, y bendiciones! Adriana.

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  2. Me encanta cuando estuve en México hace dos años o el año pasado no me acuerdo me hablaron de esta vivienda, y me encanto, gracias por compartir

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    1. Yo traté muchas veces de contactarme con México a ver si alguien tenía fotos para publicar, pero aún no lo logré. Es una vivienda muy buena, especial para quienes quieren vivir, trabajar y cuidar la Naturaleza. Gracias, Joan, te esperamos siempre aquí!

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    2. Yo traté muchas veces de contactarme con México a ver si alguien tenía fotos para publicar, pero aún no lo logré. Es una vivienda muy buena, especial para quienes quieren vivir, trabajar y cuidar la Naturaleza. Gracias, Joan, te esperamos siempre aquí!

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